Ya son muchos años los que unen a los arnedanos con motivo de la organización del Mercado
del Kan de Vico a principios del mes de septiembre, precisamente en torno a los días en que la Virgen
que le da nombre, patrona de la ciudad, celebra su festividad. Todos sabemos que este evento debe su
denominación a la leyenda que envuelve la aparición en Vico de una imagen románica a un musulmán,
allá por el comienzo de la Edad Media, cuando en Arnedo convivían moros y cristianos.
La leyenda de la invención de la Virgen de Vico sólo se ha conservado por la tradición, transmitida
a través de los autores de los siglos XVI, XVII y XVIII, de los cuales la toman los historiadores
posteriores. Según estos testimonios escritos:


“Cuando Arnedo gozaba ya de libertad cristiana, permanecían todavía en un lugar llamado
Vico, algunos moros dedicados al cultivo de las tierras que todavía conservaban. En esta zona había
una imagen oculta, que un día se apareció al moro más poderoso, llamado el Can de Vico, cuando subía
la cuesta desde el Cidacos al altozano del barrio donde hoy se halla el monasterio. La encontró envuelta
en un resplandor celestial, sobre un romero, hiniesta o retama silvestre, sentada en un trono, vestida
de luces como el sol y llevando a su hijo Jesús en la mano izquierda. Tras el milagro, se convirtió al
cristianismo, se bautizó y se consagró a ella construyendo una ermita en el lugar de la aparición, en cuyo
centro colocó la imagen. Él mismo fue el primer ermitaño hasta su muerte, tras la cual hubo siempre allí
uno o dos para seguir manteniendo el culto”.

Aunque la época de dominio musulmán en estos contornos comprende aproximadamente desde
el año 714, -momento en que los árabes llegan a La Rioja-, hasta el 923, -fecha probable de la
reconquista cristiana de Arnedo-, la convivencia entre ambas culturas no pudo limitarse a los siglos
VIII, IX y X, sino que probablemente se mantendría durante mucho más tiempo. Recientes investigaciones
han sacado a la luz unos documentos bastante antiguos, de mediados del siglo X, en los que
aparecen personas con nombres musulmanes y cristianos poseyendo terrenos en el pago de Hontanar
o de San Marcos, los cuales nos ayudan a esclarecer un poco más los oscuros orígenes del monasterio
de Vico, de la Virgen y de la leyenda del Kan de Vico. Concretamente, según uno del año 958, los
hermanos Muza y Toda venden al obispo Tudemiro unas tierras de su propiedad en el término de
“Fontaneta”, que linda con tierras de Aflahe Alahamet, Gomiz Fornero, Mohomat Alberrendo y
Enneco Fortuni.
Este testimonio nos revela claramente que poco después de la reconquista existen conviviendo
pacíficamente cristianos y musulmanes en “Fontaneta”, topónimo equivalente al actual Hontanar de
San Marcos. Otro manuscrito de mediados del siglo XIII nos aclara todavía más la situación: en
1246 Alfonso López de Haro y su mujer María Álvarez de los Cameros fundan el monasterio de
monjas bernardas de Herce y le donan, entre muchas otras propiedades, el “Fontanal”, con los súbditos
sarracenos que allí tienen. De estas palabras se desprende que el Hontanar todavía estaba habitado
por moros en el siglo XIII.
A la luz de estas fuentes documentales podemos llegar a la conclusión de que este terreno era
por lo menos desde la segunda mitad del siglo X y hasta mediados del XIII, una aldea con población
musulmana, o más correctamente mudéjar, lo que hace que la leyenda de la aparición de la Virgen de
Vico al moro Kan, cobre ahora un nuevo sentido y una cierta verosimilitud. Seguramente en la zona del
valle medio del Cidacos habría un poblamiento disperso, con pequeños poblados y alquerías habitados
tanto por cristianos como por musulmanes, agrupados en torno a un espacio religioso, una pequeña
iglesia o monasterio. De este modo, en Vico y en sus alrededores – pagos del Hontanar de San Marcos
y de Candevico-, pudieron existir pequeños núcleos o barrios musulmanes al menos desde mediados
del siglo X, cuyos habitantes se quedaron allí tras la reconquista. Cerca contarían con el santuario
advocado entonces a Santa María de Vico, que no puede ser muy anterior a las postrimerías del siglo
XII, pues en esa época se data la talla románica de la Virgen. El propio paraje donde se ubica el monasterio
– Candevico-, es otro topónimo claramente alusivo al protagonista de la leyenda de la invención
de la imagen, y por supuesto, a nuestro mercado medieval.